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Slow Productivity a la latina

Foto del escritor: Mijal Orihuela
Mijal Orihuela
11 oct
3 min de lectura

Una historia personal



Leyendo a Cal Newport encuentro que muchos de los grandes científicos, inventores y artistas de la historia trabajaron en sus ideas durante años, antes de cambiar el mundo. Pero eso no significa que trabajaban en lo mismo todo el tiempo, sino que a veces la cuestión quedaba en pausa…, como si hubiese caído en el olvido.


El autor plantea que esta es una forma más natural de trabajar. En ese marco, pienso en los libros que empecé a escribir y nunca acabé. No es falta de capacidad. Mi tesis doctoral tiene más de 300 páginas. Es que las urgencias cotidianas suelen arrasar con las necesidades a largo plazo.


El concepto de la slow productivity me hizo cambiar la mirada sobre los libros que soñé con hacer. Me pregunté cuál es el que más me interesa hoy y decidí hacerlo, sin pretender hacerlo YA (cosa que me cuesta horrores). Tuve unas semanas donde adelanté muchísimo pero de pronto empezamos a trabajar en el lanzamiento de una revista y su escritura fue abandonada. ¿O pausada?


Al principio me sentí incómoda en parar, me dio miedo estar fallando. Pero después de unas semanas noté algo: el libro trata de cómo usar tu diseño humano -o sea, tu energía- para definir tu estrategia profesional, ritmo de trabajo y los servicios que brindás como arquitecto o diseñador.


Según el diseño hay cinco tipos áuricos o tipos de energía que uno puede tener como base y, a partir de ahí, un montón de características que se van sumando y generando que cada persona sea única.


Tengo escrita más de la mitad de la mitad del libro y frené en la parte que describe mi energía, llamada “proyectora”. Irónico, ¿cierto? Sin embargo, es en el marco de la revista donde realmente estoy experimentando con mi energía al cien por cien.


Siempre fui proyectora, eso es inevitable, pero traté de hacer las cosas de un modo que no me resulta natural a nivel energético. La energía proyectora suele describirse como la de un faro, que está quieto, iluminando la costa para que los barcos que quieran se acerquen y lleguen sanos a la costa. Pero la mayoría de nosotros fuimos educados para hacer que las cosas sucedan a través de la fuerza bruta: más me esfuerzo, más éxito voy a tener.


La revista no nació así, yo tuve la idea, pero una colega a la que me consultó me sugirió hacer un evento, invitar a gente a crear una comunidad, sugerir mi idea. Después de ese encuentro no pasó nada y yo, con dificultad, decidí no insistir. Hasta que apareció un señor que dijo “yo quiero hacerlo y tengo la energía para empujar el carro”. Se puso en acción y la gente empezó a moverse.


Hoy estoy trabajando con un equipo de profesionales que valora mi visión, entre los cuales hay algunos mucho más experimentados que yo. Por primera vez en mi vida estamos trabajando realmente en equipo, no delegando ni dividiendo tareas, sino pensando ideas juntos y liderando de forma alternada según la cuestión entre manos. Y lo más increíble es que fluye, que se siguen sumando interesados, que avanza sin que se sienta como remarla en dulce de leche.


No sé en qué va a terminar esto de la revista (se llama Picnic, por cierto) pero sí veo que no abandoné mi libro: hice una pausa para vivenciar aquello sobre lo que pretendo escribir y, así, generar un producto de mayor calidad.


Por eso te invito a pensar en algo que quisieras haber hecho dentro de cinco años y que te propongas hacerlo sin apuro, desde el disfrute y permitiéndote tomar las pausas necesarias.


La foto está hecha con IA, esta soy más o menos yo 😀
La foto está hecha con IA, esta soy más o menos yo 😀

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