Quién soy
Me dicen Mijal.
Crecí en la parte árida de la Patagonia argentina, donde descubrí los deportes de aventura y la meditación Vipassana.
A los 19 años me mudé a Buenos Aires, para estudiar una carrera Universitaria. Viví en esa ciudad durante una década y allá descubrí algo nuevo: los desafíos que presenta desconocer qué necesitamos a nivel energético y del sistema nervioso.
Tras recibirme de arquitecta en la UBA, volví al Alto Valle rionegrino, donde estoy radicada hace más de diez años. A la par que me reencontraba con mis pasiones y ritmo, me formé como Doctora en Estudios Urbanos en la Universidad de Sarmiento, hice estadías de tres meses en Sri Lanka y Brasil, y, formé mi estudio de arquitectura, llamado Buen Vivir.
En el ínterin fui curioseando sobre el desarrollo personal, las terapias complementarias, la manifestación y el diseño humano. Así como aprendiendo de estrategias de negocio, ventas y marketing para arquitectos, a lo que recientemente se sumó la inteligencia artificial.
Todas estas experiencias me fueron nutriendo de conocimiento. Sin embargo, siempre había algo que faltaba: el sentido de propósito.
Fue comprender mi diseño humano lo que me permitió entender por qué siempre tuve claridad de lo que quería hacer a los sesenta, pero me sentía perdida respecto del presente. Comprender esto, me hizo ver que necesitaba empezar a alinear mi trabajo con los deseos de mi alma, arriesgándome a usar habilidades que siempre había relegado a un rol no profesional.
Así surgió Arquitectura Interna para los negocios, un método que mixtura y sistematiza algunas de las herramientas que aplico en mí misma. Si bien originalmente estuvo destinado a ayudar a mis amigas a alinearse con sus propios estudios, pronto fue evidente lo útil que puede resultar a todo tipo de profesionales y emprendedores.
Mi personalidad me llevó a orientar mi método a lo práctico, depurándolo de elementos místicos que puedan ahuyentar a muchas de las personas que más admiro: comerciantes pragmáticos y visionarios que comprenden el desarrollo personal como un aspecto fundamental del crecimiento profesional, pero que nunca incursionaron en el mundo de lo holístico ni lo espiritual.
Adapté mi lenguaje al suyo porque es de ellos de quienes también aprendo día a día, y, este método no existiría sin su visión y feedback.
Por eso, me atrevo a decir que mi invitación es a pensar tu estudio de arquitectura o diseño desde una óptica nueva. Mi enfoque no es el de los mentores de arquitectos tradicionales ni el de los maestros de manifestación, porque Arquitectura Interna para los negocios es una extensión de quien yo soy cuando nadie me está mirando.
Buen Vivir: mi otro espacio
A la par, abrí el estudio en un contexto de inflación extrema y con un modelo de negocios basado en hacer anteproyectos. Con el tiempo fui migrando hasta ofrecer servicios que incluían el proyecto ejecutivo de los equipamientos (muebles de cocina, baño, lavadero y recibidores).
Esta diversidad de experiencias me hizo ganar muchísima experiencia en pocos años. Diseñé decenas de viviendas, navegué distintos ritmos de búsqueda de clientes y de trabajo, tuve periodos de trabajo en remoto y otros en obra, pasé momentos donde tenía demasiados clientes y otros donde no había casi ninguno. Incluso me tocó trabajar sola, estar a cargo de cuadrillas, guiar juniors y contratar profesionales senior.
Hoy en día mi estrategia en el marco de Buen Vivir no es crecer en número de clientes ni hacer casas de lujo. Busco tener el mínimo de clientes necesarios para sostenerme mientras hago crecer mi academia. En este marco, elijo clientes que confían en mi criterio y con quienes disfruto trabajar.
Buen Vivir nace el 4 de enero de 2021, cuando una amiga me abre la cuenta de Instagram y me obliga a publicar un video malísimo, que me sacó de la parálisis.
Es un estudio especializado en el diseño y ejecución de viviendas para familias de nivel socioeconómico medio.
Al principio hacía casas parecidas a la mía: financiadas con créditos hipotecarios del Estado. Pero necesitaba hacer algo más, por eso durante varios años hice sondeos orientados a encontrar el público y la estrategia correctas para vender diseños biofílicos y enseñar decoración biofílica. Sin embargo, una y otra vez fracasé en mis intentos.
En 2025 me iba a encontrar con una sorpresa: cada vez tenía más clientes que me daban sus datos de nacimiento y me permitían tener en cuenta su diseño humano a la hora de proyectarles la casa. Así fui entendiendo algo muy importante: no tenía que salir a buscar "clientes ideales" mostrando proyectos ajenos, lo que necesita era contarles a mis propios seguidores mi visión de lo que su hogar puede hacer.
Vista desde el living de Cueva en la Montaña (2026). Una casa ideada teniendo en cuenta el diseño humano de nuestro cliente.
Etapa de obra de mi casa (2022), hecha a partir de un prototipo al que le hice cambios para adaptarla a mi estilo personal.
Vista interior de Casa Rio (2024) ya habitada. Una de nuestras primeras obras, donde la madera y el cemento alisado son protagónicos.