Burn out en arquitectos: no siempre es por exceso de trabajo
- Mijal Orihuela
- hace 7 días
- 3 Min. de lectura
El burn out es un mal común entre los arquitectos. Creo que todos mis amigos o yo lo hemos tenido o, al menos, hemos atravesado momentos de agotamiento extremo.
Sin embargo, no siempre tiene el mismo origen. A veces aparece porque descuidamos la salud. Otras, porque sostenemos durante años una forma de trabajar que no nos calza.
El burn out en arquitectos: un problema de desajuste
Muchos profesionales creen que están agotados por trabajar demasiado. Pero en ciertos casos el problema no es la cantidad de horas, sino el modo en que están construidas esas horas.
Pasar el día haciendo tareas que no dan satisfacción realmente drena. Eso me pasó en 2025.
Tras tomar una serie de decisiones orientadas a escalar mi estudio de arquitectura y empezar a ver los primeros resultados, me encontré en una situación rara: no tenía la energía necesaria para ejecutar las tareas requeridas.
Esto me llevó a cuestionarme el modo en que tomamos decisiones de negocios. Y acá hablo en plural porque estaba usando los métodos “correctos”:
analizar rentabilidad y viaje del cliente,
crear un servicio high ticket,
trazar un plan financiero que me dijera exactamente cuántos clientes captar, cuándo delegar tareas, etcétera.
En los papeles, todo cerraba.
Lo que me di cuenta en ese momento es que uno se sube al tren y avanza. Pero rara vez frena para analizar si ese camino le resulta sostenible.
Claramente, largar todo no es la solución. Las cuentas hay que pagarlas. Pero sí es indispensable cambiar la perspectiva antes de hacer ajustes.
El ritmo como variable en el modelo de negocios
En mi caso, me salvó un bajón en las ventas. Durante los últimos dos años los índices de la construcción en mi país tuvieron altos y bajos. Y el año pasado esa baja coincidió con el momento en que yo estaba agotada, así que usé la oportunidad para frenar la marcha.
Al reducir la cantidad de horas que trabajaba, logré adaptar mi ritmo laboral a mi ritmo natural, que es más bien pausado. Armonizarlos fue lo que me permitió ganar claridad respecto de cómo reencarrilar mi tren.
¿A qué llamo ritmo natural?
A la velocidad y forma en que una persona funciona mejor de manera sostenida. Hay quienes rinden más trabajando por bloques intensos y descansando bastante. Otros necesitan avanzar lento pero constante. Algunos toleran bien la presión diaria; otros funcionan mejor con margen y previsibilidad.
Todos tenemos uno, pero muchos lo desconocemos.
Estamos tan habituados a funcionar en piloto automático que naturalizamos trabajar a mil, cuando eso no es necesariamente lo más efectivo.
Conclusión
Cuando respetamos nuestro ritmo, nos sentimos más enérgicos, dejamos aflorar la creatividad y, sobre todo, trabajamos mejor. O sea, podemos lograr mejores resultados con menor esfuerzo.
Muchos profesionales se sienten insatisfechos con su trabajo porque construyeron modelos de negocio que no responden a su ritmo natural. Trabajar en desalineación drena energía y eso suele sentirse como desgano, irritabilidad o falta de motivación.
Escuchar charlas motivacionales e implementar herramientas de productividad no siempre soluciona este problema.
A veces no necesitás más disciplina.
Necesitás un negocio que no te enferme.
La solución suele estar en alinear tu modelo de trabajo con tu ritmo natural.
Si querés profundizar en este enfoque, más abajo te dejo un video donde desarrollo el tema desde otra perspectiva.
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