De profesional a empresaria
- Mijal Orihuela
- 22 mar
- 4 Min. de lectura
A los arquitectos y diseñadores nos capacitan para una única cosa: ser excelentes en nuestro oficio. Pero al terminar la universidad nos encontramos con una cruda realidad: somos personas que venden servicios y no tenemos ni idea cómo hacerlo.
Al lanzarse al mercado laboral unos cuantos se las arreglan muy bien, otros se resguardan en empleos en relación de dependencia y algunos, quizás los menos, buscan mentores que los ayuden a ubicarse en tiempo y espacio. Yo estoy entre los últimos.

Mis primeros pasos como arquitecta independiente
En agosto de 2020, tras seis años trabajando para el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica decidí abrir un estudio y vi que, para lograrlo, necesitaba aprender a conseguir clientes. Entonces me anoté en una mentoría, donde me enseñaron un modo de trabajar.
El resultado fue fantástico: en tan solo cuatro meses me convertí en una profesional independiente. Vivía de mi estudio.
Aun así, con el tiempo fui descubriendo que dominar un método no es suficiente. Seguí adquiriendo herramientas prácticas y, aún así, siempre veía a otros crecer más rápido que yo. Por eso, vivía preocupada de quedarme atrás, miedo que se profundizó con el boom de la inteligencia artificial.
Pero un día todo cambió. De pronto vi algo que cambió mi perspectiva: no es la cantidad de ingresos o empleados lo que diferencia a los profesionales de los empresarios. Es su identidad. El modo en que ellos mismos se ven, piensan y actúan.
Lo que muchos de mis amigos y yo necesitábamos no era más tecnología ni estrategias de ventas, era trabajar en nuestra mentalidad y energía. Si queríamos ganar mejor y generar un mayor impacto, necesitábamos cambiar aspectos muy profundos de nuestro ser.
El descubrimiento
Toda la vida fui fan del desarrollo personal. Quizás por el hecho de que mi mamá organizó retiros de meditación Vipassana desde que yo era una nena. Quizás porque me gusta. El punto es que a lo largo de los años fui probando desde reiki, hasta homeopatía y programación neurolingüística (PNL).
Esto me llevó a ver que no hay una única forma de resolver los problemas y que el éxito se construye desde adentro hacia afuera. Pero en las mentorías el foco no estaba en el trabajo interior. Sino en aprender modos estructurar servicios, usar redes sociales e implementar nuevas tecnologías.
Así que tuve que ponerme a investigar por mí cuenta. Porque si de algo estaba segura, era que quería llevar mi estudio a un nuevo nivel.
Terminé indagando en la teoría de la manifestación, que siempre me había parecido una verdadera pavada. Y, para mi sorpresa, descubrí un mundo.
Entendí que no basta con anotar tus objetivos y ponerte recordatorios por toda la casa. Hay que lograr un profundo nivel de coherencia entre todas las partes de tu ser. Recién ahí uno puede tener una empresa que pague bien y que, a la vez, lo haga sentir pleno.
El tema es que hacer esto no es tan fácil como suena. Requiere mirarse a uno mismo desde nuevas perspectivas y entrenar constantemente. Porque, en nuestro interior, solemos estar tironeados entre deseos que se contradicen.
El camino
La nueva perspectiva hizo que pierda el miedo a quedarme atrás y siga actualizándome, pero sin la presión ni el apuro de antes. Ahora mi prioridad es otra: mirarme desde nuevos lugares. Al hacerlo, se multiplican mis oportunidades y cambian mis decisiones.
Acepté el hecho de que la rentabilidad de mi estudio depende más de cómo me siento que de las estrategias que implemento. Y que planificar el crecimiento sin tener esto en cuenta es mentirme a mí misma, porque hoy mi estudio depende casi totalmente de mí.
Reemplacé la obsesión por analizar los niveles de ingresos y egresos, por la visión de que soy un diamante en bruto. Al pulir el diamante, comienza a verse la piedra en su máximo esplendor.
Lo interesante de esto, es que cada piedra es única. Por lo que el modo de pulirla y los resultados logrados no es el mismo para todas.
En consecuencia, empecé a trabajar sistemáticamente en ajustar mi mentalidad y lograr una mayor alineación energética con mi negocio.
Me sentía bastante perdida, a caballo entre dos modos de llevar los negocios que son radicalmente diferentes. Y cometí un montón de errores. Pero lo que se veía desde afuera era otra cosa.
Mis amigos me empezaron a decir cosas como "el modo en que lo trabajás tiene sentido" y pedirles que les enseñe las herramientas que estaba usando, lo cual me llevó a observar algo más: no estaba manifestando, estaba usando una caja de herramientas que había ido armando a lo largo de dos décadas.
El aprendizaje
Los arquitectos y diseñadores estamos formados para ejercer un oficio. Pero si queremos triunfar como profesionales independientes, necesitamos convertirnos en empresarios.
El éxito y el propósito no se alcanzan gracias a implementar determinadas herramientas de marketing o ventas, se construyen trabajando desde adentro hacia afuera.
Y cada uno de nosotros es un diamante en bruto, por lo que necesita diseñar un método propio con el que trabajar. Copiar fórmulas ajenas nos puede sacar del paso, pero después de un tiempo frena tu crecimiento.
La solución no es implementar un enfoque diferente, la solución es usar una caja de herramientas que te permita mirarte a vos mismo desde una nueva perspectiva. Eso multiplica tus oportunidades y cambia tus decisiones.


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