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Crecer como arquitecto: el rol de las mentorías

  • Foto del escritor: Mijal Orihuela
    Mijal Orihuela
  • 11 mar
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 22 mar

Los arquitectos estamos formados para resolver problemas. Sin embargo, solemos encontrarnos con uno que nos traba: cómo conseguir clientes de calidad.

En este aspecto, las mentorías son un excelente recurso.

Una mentoría no es lo mismo que una especialización. En la mentoría tenés un guía que te da herramientas y consejos sobre temas en los que tiene mayor experiencia.


Eye-level view of an architect's workspace with blueprints and design tools

Mi experiencia tomando mentorías

Tomé mi primera mentoría en 2020. Porque quería dejar mi empleo en relación de dependencia y no tenía una red de contactos con la que conseguir clientes.

En aquel momento esto no era frecuente y pocas personas de mi ciudad se interesaron en lo que estaba haciendo. Pero logré algo que pocos conocidos locales han hecho: pasar de trabajar para otro a vivir de mi estudio en tan sólo cuatro meses.

Y esto no fue lo único. También innové desde el día uno. No en términos de diseño, pero sí en el modo de usar las redes sociales.

Nada de esto habría sido posible sin dar un salto al vacío y arriesgarme a tomar esa mentoría. Recuerdo que en aquel momento estaba usando ahorros para llegar a fin de mes: cada mes sacaba 50 dólares de mi chanchito. Y la mentoría salía 600 dólares, con impuestos se iba a 900 dólares. Gastar ese dineral me daba terror.

Le pregunté si valía la pena a una amiga, teniendo cautela de preguntarle a una que era comerciante y estaba habituada a los números grandes. Me dijo: "si lo recuperás, lo vale". Recuperé la inversión con mis primeros clientes: una pareja a quien les hicimos los planos de su casa.

Años después sentí que lo había aprendido, ya no me alcanzaba. Entonces tomé una segunda mentoría, esta vez invertí 1600 dólares. Cuando quise implementar las herramientas aprendidas, vi que no servían para el servicio que yo estaba ofreciendo. Pero, no fue plata tirada: descubrí los servicios high ticket y cómo quería trabajar de ahí en adelante.

Ese fracaso marcó el inicio de una nueva etapa profesional, que me hace muchísima ilusión.


Compañeros de ruta: un beneficio colateral

Recuerdo que antes de pagar esos 600 dólares iniciales me dije: "si no me funciona para conseguir clientes, al menos me sirve para generar contactos".

Ser profesional independiente, emprendedor o empresario puede resultar solitario. Al final del día, las decisiones y responsabilidades las toma uno.

Hice amigos en la facultad, pero no viven en mi ciudad o tienen otro modo de trabajar. Entonces no tuve la suerte de contar con un socio que me acompañe ni desafíe. Por eso, armé el estudio por mi cuenta.

En este contexto, los arquitectos que conocí a través de mi primera mentoría no sólo me abrieron la visión, al permitirme conocer las realidades de países como México, Ecuador, Paraguay y Panamá. Se convirtieron en mis compañeros de ruta, con quienes compartimos éxitos, miedos y herramientas prácticas.

Gran parte de mi crecimiento profesional se debe a ellos, que han estado festejando y cuestionando mis decisiones todos estos años. En privado.

Sobre todo, porque tenemos distintas edades, especializaciones y experiencia, lo cual enriquece enormemente el feedback.

Hace poco tuve la suerte de encontrarme en una mesa de mujeres locales, muchas de ellas empresarias mayores de cincuenta, que se juntaron porque quieren conocer otras mujeres. Y les dije exactamente esto: "Aun cuando tenés empleados, ser empresario puede ser solitario y tener un mentor siempre suma. No hace falta que contraten un mentor, pero si esto se convierte en un espacio de diálogo, vamos a estar todas menos solas".

Cuando una paga por ingresar a un espacio, no paga sólo las clases o la comida, da un paso para encontrar personas que piensen como uno.


Los desafíos y límites de toda mentoría

Hoy hay muchos mentores para arquitectos, diseñadores y emprendedores, con lo cual puede resultar desafiante saber a cuál elegir.

En este contexto, es necesario tener en cuenta cinco puntos:

  1. En qué te interesa mejorar. Cada mentor trabaja sobre temas específicos. No da igual buscar alguien que te enseñe a desarrollar proyectos ejecutivos, que alguien que te enseñe estrategias de marketing o a entrenar tu mentalidad. Sino tenés claro qué necesitás, explorá las opciones y fijate qué te resuena más. O hablá con colegas personas más exitosas que vos y preguntales qué priorizarían en tu situación.

  2. Entender que el mentor tiene un negocio. La mayoría de los mentores quieren vender al mayor número de personas posibles. En muchos casos te dicen que evalúan quién puede tomar su mentoría y quién no, pero en la práctica te quieren vender a toda costa. Sos vos quien tiene que analizar de manera objetiva si la mentoría responde a lo que necesitás. Hacé preguntas sin culpa. Incluso podés preguntarles qué no enseñan y qué no priorizan en el marco de la mentoría. Si te contestan esto de forma franca, son confiables. Y, además, tomate el tiempo que necesites para decidir si contratarla o no.

  3. La personalidad del mentor y su grado de presencia. Tu mentor o mentora tiene que ser alguien con quien resuenes. Si le vas a comprar porque te mete miedo, quizás no sea la mejor opción. Si es el mejor, pero lo que dice no te resuena, tampoco te recomiendo elegirlo. Y, si te cae super bien, pero no va a estar en el día a día de tu mentoría, a quien tenés que conocer antes de decidir, es a las personas que tiene empleadas. La idea de una mentoría no es ver videos ni recibir plantillas, es tener alguien con quien jugar al ping pong.

  4. Cuánto estás dispuesto a invertir. Los precios de las mentorías son en extremo variables. Su valor debería ser algo que te cueste pagar, pero no algo que te endeude hasta la médula. Tendemos a querer gastar lo menos posible. Esto es un error, pero no siempre lo más caro es lo mejor o lo más adecuado para nosotros. Hay casos donde podés encontrar alguien excelente que cobra barato porque recién se está dando a conocer, así como hay mentores que son fantásticos, pero apuntan a personas con más dinero que vos. Pedile a alguien que esté acostumbrado a invertir montos grandes de dinero, que te ayude a elegir la mentoría adecuada para vos.

  5. Chequeá a quien le vas a comprar. En muchos casos es difícil conocer con antelación si el mentor tiene experiencia real. Cuando contraté a mi mentora por primera vez, le pedí a un contacto de su país que chequeé si no era una estafadora. Unos días después me dijo: "no te puedo garantizar que logren los resultados que prometen, pero la entrevistó una periodista que también me entrevistó a mí, así que existir, existe". Hoy en día, lo que haría sería ver si tiene un canal de YouTube o eventos en vivo donde pueda escucharla hablar. Con la proliferación de mentorías en Instagram y el uso de la IA, escuchar a la persona real hablar durante horas es el mejor camino para saber cómo piensa, si es coherente y, sobre todo, sino es un plagio.


Mirando hacia el futuro

El año pasado me quedé sin mentora, porque no seguí pagando por pertenecer. En ese contexto, soy muy consciente de que necesito encontrar una nueva y ya tengo en la mira unas cuantas que me gustaría contratar cuando pueda invertir el dinero necesario.

Sin embargo, tal vez por esa misma consciencia, fui descubriendo alternativas que me están ayudando a navegar el interludio sin gastar plata.

Por un lado, una colega que está testeando mi método de pe a pa y me da feedback sobre todo lo que publico. Una mentora de marca personal que me ha sumado a la mesa de diálogo que inició. Y mi vieja mentora que me está acompañando, sólo que desde un nuevo lugar.

Si hay alguien que admirás por algo en específico y no vende mentorías, simplemente deciselo y preguntale si se pueden tomar un café cada uno o dos meses. El valor de las personas que tenemos cerca es inconmesurable.


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